Quién habla en nombre de la Tierra

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Permitídme que me presente. Me llamo Pablo Dietersohn.

He esperado mucho antes de presentar este espacio personal en Internet, pero por fin me he atrevido a dar el gran paso. Hace tiempo lo intenté dentro un blog llamado El cristal de Pablo, pero entré a trabajar en una empresa farmacéutica (no diré cual) y se me “sugirió” que era mejor dejar el tema. Obligado por las circunstancias, cedí y callé. Hoy estoy haciendo las maletas del peor trabajo de mi vida, y cuando finalmente salga por la puerta podré contaros mil y una historias de cómo ese tipo de negocios funcionan realmente.

Estoy harto de callar. Voy a hablar de todo lo que yo quiera. Hablaré de cómo los chemtrails están acabando con nuetra diversidad biológica. De cómo la industria oficial, con el beneplácito del gobierno, está destruyendo la farmacopea integrativa. De cómo algunos productos que nos venden son verdaderas bombas de relojería. De cómo la comunidad pseudoescépta está dinamitando las bases de lo que pretenden defender, arropados en un manto de soberbia y titulitis. De cómo hay alternativas, que solamente tenemos que abrazar.

Habrá mucho tiempo para eso, os lo aseguro. Hoy solamente quería presentarme a vosotros más allá del seco “hola mundo” de mi mensaje anterior, más válido para comprobar el funcionamiento de una máquina que el de una amistad.

También quería explicaros el porqué del título de mi blog. No se trata de una añoranza bíblica al estilo de “en el nombre del Padre.” Tomé la frase de un pseoduescéptico llamado Carl Sagan. Al igual que otros yo creo firmemente que Sagan, elevado a los altares de la verdad científica y el escepticismo, es un fraude de ley. Falló como persona, como hombre de familia, como científico y como (según él) ateo. Fue un maestro de la comunicación, de acuerdo, supo manejar a las masas de gente ignorante con un discurso pedante y arrogante. No me merece respeto. A pesar de eso me impresionó una frase que escribió y dijo en su serie Cosmos (ignoro si la ideó él o se la robó a otro, pero déjenme feliz en mi ignorancia, por favor).

Sagan, en medio de la Guerra Fría, tuvo el valor de hacerse, y hacernos a todos, esta reflexión:

Sabemos quién habla en nombre de las naciones. Pero ¿quién habla en nombre de la especie humana? ¿Quién habla en nombre de la Tierra?

Eso me pregunté yo desde la primera vez que leí esas líneas. ¿Quién habla en nombre de todos nosotros, de nuestro planeta, de nuestra esencia como especie? ¿Las Naciones Unidas? ¿La OTAN? ¿Las multinacionales? Nadie lo hace y nadie lo hará. Eso significa que la tarea recaerá sobre nuestros hombros, o de lo contrario el mundo morirá. Por descontado aviso que no pretendo erigirme en portavoz del mundo. Debemos hacerlo todos juntos, sin portavoz, sin líder, sin jefe indiscutible. Todos, cada uno y cada una a su manera y en su propio espacio.

Eso es lo que deseo hacer yo. Aquí. Ahora. Hoy el mundo está en conflicto, y hay que intervenir.

Gracias por vuestra atención. Espero contar con todos vosotros. Ah, y espero que nadie se moleste si utilizo el “vosotros” en lugar del “ustedes”. Vivó varios años en México, y allí el usted y la corrección en el trato están a la orden del día. Aquí, en la Península, me he vuelto algo más relajado. En cualquier caso, no son ustedes ni sois vosotros, somos “nosotros”.

Con amor y respeto, Pablo.

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