¿Qué es un pseudoescéptico?

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Algunos de vosotros me habéis preguntado, en un momento u otro, por un término que utilizo a menudo: pseudoescéptico. ¿Qué es eso? Intentaré explicaros.

Cuando la ciencia oficial decidió que tenía la exclusiva sobre la verdad, todo aquél que no estaba incluido en su club era llamado pseudocientífico. Definieron áreas enteras del saber como pseudociencia, afirmando que no se atenían a algo que llamaron método científico, y declararon que los demás éramos unos charlatanes. Algunos incluso usan el término despectivo “magufo” del que escribiré en otra ocasión.

Los científicos se han inventado un conjunto de reglas llamadas método científico. Pues preparaos para leer algo divertido: resulta que no existe EL método científico. Fijaos cuántos métodos científicos se incluyen en la Wikipedia (aquí):

– El empírico-analítico

– El experimental

– El hipotético-deductivo

– El de la observación científica

– El hermenéutico

– El dialéctico

– El fenomenológico

– El histórico

– El sistémico

– El sintético

– El lógico-deductivo

– El lógico-inductivo

– El analógico

En suma, muchos nombres academicistas para esconder el hecho simple de que no saben cómo hacer las cosas y que se limitan a ir improvisando. Por si no os vale un artículo de la Wikipedia, os incluyo un enlace del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INICE), del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, donde afirma categóricamente que no hay un método [científico] o modelo clásico (aquí). Y lo dice una web oficial de formación del profesorado. Incluso pseudoescépticos cientificistas como César Tomé, de Naukas se atreven a decir que en realidad el método científico no existe (aquí). Así que ¿de qué estamos hablando aquí?

Fácil: de un conjunto de personas con titulación universitaria (y algunos ni siquiera eso) que decretan qué es ciencia y qué no lo es. A lo que según sus sesudas ideas no lo es, lo llaman pseudociencia. Bien, pues nosotros también podemos jugar a eso. Hartos de que se nos ningunee por decreto y sin argumentos racionales, alguien bautizó a estos arrogantes como pseudoescépticos. Es decir, son gente que van de “escépticos” por la vida pero realmente no lo son. Han declarado una guerra sin cuartel contra los investigadores de fenómenos paranormales, a los que califican de charlatanes, estafadores, engañabobos y sinvergüenzas.  Tienen páginas web, revistas y programas de radio y de televisión en los que libran lo que parece ser una guerra santa contra todo aquello que esté relacionado con lo paranormal. Son los Torquemada del siglo XXI, la policía de lo paranormal, los caballeros templarios de la ciencia.

No todos los científicos son pseudoescépticos. Digamos por caso, he visto un ovni o presenciado un fenómeno paranormal. Un investigador me escuchará y me otorgará el beneficio de la duda. Ni acepta, ni niega. El investigador no emitirá un juicio sobre el caso sin haber realizado un análisis de la evidencia. El pseudoescéptico, por el contrario, dirá que los ovnis son una mezcla de fenómenos naturales y alucinaciones colectivas y que la ufología es de idiotas y fanáticos. No importa lo que yo vi porque no es real. El pseudoescéptico no analizará ni evaluará la evidencia, solo negará la existencia del fenómeno.

A diferencia del autentico escéptico, que simplemente lo es, los pseudoescépticos proclaman a los cuatro vientos su escepticismo: se autocalifican de escépticos, pensadores críticos, defensores de la ciencia, la lógica y la racionalidad. Pero en realidad no son escépticos, ni siquiera de lo paranormal, ya que no dudan sino que afirman que lo paranormal no existe o que es simplemente una estupidez. Tampoco son escépticos de temas no paranormales. Las cualidades que proclaman como necesarias (dudar, analizar, examinar y racionalizar) jamás las utilizan con sus propias creencias, que coinciden siempre con lo establecido.

Entremos en lo particular. ¿Qué cualidades describe a un pseudoescéptico? Sin querer ser exhaustivo, aquí van algunos rasgos característicos que te ayudarán a identificarlos:

  • Están obsesionados con lo paranormal. Los pseudoescépticos utilizan muchas horas de su tiempo leyendo, escribiendo y criticando lo paranormal, lo parapsicológico, lo psíquico, lo poco ortodoxo y, en general, todo lo que esté fuera de la ciencia ortodoxa.
  • Usan un lenguaje emotivo y prejuicioso. Su vocabulario está lleno de términos como pseudocientífico, magufo, charlatán, fenómenos ‘para anormales’, etc. Su estrategia es la descalificación, el ataque personal o académico, la ridiculización y la difamación. Esto, con la finalidad de ridiculizar todo lo paranormal y predisponer al lector negativamente hacia el tema.
  • Son fundamentalistas científicos que conceden a la ciencia el mismo status que a la religión. Para los pseudoescépticos, la ciencia es dueña de la verdad absoluta, la única vara para medir y el único camino al conocimiento. El pseudoescéptico no busca la verdad sino que defiende lo establecido. No duda, niega.
  • Su argumentación, cuando se toman el trabajo de hacerla, es una suma de manipulaciones dialécticas y trucos retóricos, como calificar de falaz el razonamiento del opositor y utilizar falacias.

¿Creéis que exagero? Os daré un ejemplo, a ver qué os parece. Uno de los pseudoescépticos más conocidos de España es Luis Alfonso Gámez, que protagonizó una serie de televisión llamada “Escépticos” para una cadena autonómica y tuvo incluso sección fija en la segunda temporada de Órbita Laika (programa donde aparecieron gran cantidad de colaboradores de Naukas, pero de eso hablaremos otro día). Gámez ni siquiera es científico sino periodista, y tiene abierta su propia publicación digital, “Magonia”. No tengo nada en contra de los buenos periodistas, pero eso de ir por la vida como inquisidor de las “pseudociencias” y no tener más conocimientos científicos que cualquier persona que camina por la calle no me parece precisamente una buena credencial.

No tengo más que remitirte a su Magonia, donde pontifica y decreta sin saber de nada y creyéndose más sabio que los sabios. Hace poco, por ejemplo, la Sociedad Europea de Física publicó un monográfico donde sugerían que la caída de las Torres Gemelas se debieron a una demolición controlada; es decir, fue un trabajo de “falsa bandera”. Podemos estar de acuerdo o no con esa conclusión, pero ¿qué hizo Gámez? ¿Investigó el asunto a fondo? ¿Leyó siquiera la revista? ¿Usó sus contactos periodísticos para ahondar en el tema? No. Hizo lo que hace siempre: citó a gente que piensa como él, habló de conspiranoias, atacó la reputación de los autores del monográfico. Gámez termina su “artículo” (aquí) con estas palabras: La Sociedad Europea de Física ha actuado de un modo irresponsable al dar alas a los conspiranoicos del 11-S.

No es de extrañar un comportamiento así en una persona que va por la vida insultando a quien no predica con sus dogmas. Es conocida la historia de cuando Gámez insultó al periodista y escritor Benítez en estos términos: El conocido cuentista J.J. Benítez y otros investigadores ovni, correcaminos irracionalistas, son sólo un puñado de falsarios, perseguidores de hombrecitos verdes, engañabobos y bazofia ufológica que desean lucrarse a costa de los “objetos volantes neciamente imaginados”

Eso fue en 1985, de modo que nuestro “amigo” Gámez tiene una trayectoria veterana en eso de creerse más que nadie. Pero acabó royendo en hueso. Acabó ante un juez. En 2007 fue condenado por lesionar el derecho al honor de Benítez y obligado al pago de 6.000 euros (aquí). Algunos de sus “cheerleaders” hicieron un intento por disculparlo, como en este caso, y el propio Gámez “explicó” su versión de la historia en un patético intento por autojustificarse (aquí).

No quiero convertir este post en un ad-hominem (lo llaman así) contra una persona, pero creo que el ejemplo anterior servirá para que os hagáis una idea de lo que tenemos que aguantar un día sí y otro día también. Eso sí, os aviso que no será la última vez que hablaré de pseudoescépticos con nombre y apellidos. Ya es hora de desenmascararlos.

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